Diario Tiempo Argentino – Jorge Julio López: el hombre que no cesa nunca de desaparecer

En el cielo nos vemos, de Miguel Graziano

El libro de Graziano es la primera investigación periodística que reconstruye la vida del trabajador que, según la ex detenida desaparecida Nilda Eloy, desapareció en 1977 y en 2006 y hoy desapareció de los medios y de la justicia.

Por:


Ivana Romero

 

Bueno, ahora vaya a descansar. Muy amable, señor López.

–Todas las preguntas y cooperación que necesiten, un servidor.
–Muchísimas gracias, señor López.

La sala estalló en un aplauso. Jorge Julio López acababa de testimoniar ante el Tribunal Penal Oral Nº 1 de La Plata, en el juicio contra el represor Miguel Etchecolatz. Allí contó cómo habían sido asesinados sus compañeros de la Unidad Básica de Los Hornos; describió los campos clandestinos de detención por los que pasó durante 160 días, entre octubre del ’76 y abril del ’77; relató su traslado a la Unidad 9 en calidad de “legalizado” donde pasó 812 días más. Su familia –reacia a escuchar la obsesiva construcción de la memoria que López había preservado por años en su cabeza, en papeles escritos, en dibujos– quedó “pasmada”, como dijo su hijo Ruben después. Era el 28 de junio de 2006, hace exactamente siete años. Al poco tiempo, entre la noche del 17 de setiembre y la madrugada del 18 de ese mismo año, López desaparecía.
En el cielo nos vemos (la historia de Jorge Julio López) –escrito por el platense Miguel Graziano y editado por Continente– es la primera investigación periodística que reconstruye la vida de un hombre que duele en la conciencia colectiva. Por eso, como indica Adriana Meyer en el prólogo, este es también un libro de preguntas, de incertidumbres. Un documento de denuncia frente al olvido. Graziano lo explica así: “Adriana retoma una idea de la ex detenida desaparecida platense Nilda Eloy, quien habla de las varias desapariciones de López. Nilda dice que a López lo desaparecieron en el 1976 y en 2006, sí. Pero que después desapareció de los medios y más adelante de la justicia. Lo dice en un momento en que la causa paseaba dentro de un carrito de supermercado por los Tribunales Federales de La Plata. Y eso que te digo es literal, no metafórico. A eso se suma, pienso, su desaparición de la agenda política, porque ningún candidato quiere hablar de esto. Si seguimos así López va a estar cada vez más desaparecido y olvidado. Y eso sería una gran injusticia.”

–¿Es eso, el interés por preservar la historia del olvido, lo que te llevó a armar esta investigación?
–Sí. La idea era rescatar a este hombre a quien empecé a conocer a partir de testimonios de los demás. Una vez me crucé en un colectivo a su hijo Ruben, me presenté, le expliqué la idea que tenía y así pude entrevistarme con sus familiares. Y empecé a conocer a López también por su manera empecinada y original de enfrentar el silencio. Cuando salió de la cárcel en 1979, su mujer Inés le impidió hablar de lo que había vivido. A eso se le sumó el silencio del “algo habrá hecho” y el silencio impuesto por la Ley de Obediencia Debida y Punto Final. López tramita ese silencio escribiendo, pese a tener hasta sexto grado. No compraba un cuaderno sino que escribía en cualquier papel. Así deja asentado quiénes estaban en las celdas, dibuja los rostros de los represores, incluye los apodos… Además, él vivía en el mismo barrio que sus torturadores. Y habitualmente se los encontraba en el banco cuando iba a cobrar la jubilación.
–¿Cómo llega a los Juicios por la Verdad, donde declara en 1999?
–Primero se encuentra, de casualidad, trabajando, con su compañero de militancia Jorge Pastor Asuaje. Y empieza a hablar con él. Al saber de la existencia de estos juicios, que no tenían valor legal pero sí político, va a los tribunales y se presenta ante Nilda Eloy, Rufino Almeida y Adriana Calvo, que ya eran integrantes de la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos. Él brindó datos novedosos. Por ejemplo, todos pensaban que en Arana había habido un solo centro clandestino. Él dijo que en realidad habían sido tres lugares distintos. El Destacamento, pero también el pozo de Arana, en la estancia La Armonía. Él dice que estuvo en un tercer lugar del que no se tiene más información. Este testimonio fue importante porque le permitió al Equipo Argentino de Antropología Forense encontrar por primera vez restos óseos en un centro clandestino. Es decir, su testimonio en los Juicios por la Verdad sirvió para articular después la causa contra Etchecolatz.
–¿Cómo se fue instalando la idea de que López había vuelto a desaparecer?
–Nilda y Adriana dicen prácticamente de inmediato que a López “lo habían chupado”. Era difícil asumir que eso había vuelto a pasar. Así que se planteó la posibilidad de que hubiera sufrido un shock emocional tras su declaración del 28 de junio. Sin embargo la Asociación, la misma noche del 18 de setiembre toma la decisión política de emitir un comunicado preciso donde relaciona la ausencia de López con la inminente condena a Etchecolatz. El 19, cuando se conoce la sentencia, ya no tienen ninguna duda. Sin embargo, pasó tiempo hasta que la justicia comenzara a investigar el caso de López en términos de desaparición. Además, todavía hay muchos que se niegan a utilizar la palabra “desaparecido” para hablar de este caso, más allá de que, obviamente, los desaparecidos de hoy no son lo mismo que los desaparecidos de la dictadura.
–Una de las cuestiones que señalás en relación con la causa jurídica, es que nunca se llamó a declarar a Etchecolatz.
–La investigación parte inicialmente de la hipótesis del viejito perdido –al momento de su desaparición, tenía 77 años–. Se dejó el caso en manos de la policía Bonaerense y la SIDE. Quedó en evidencia, una vez más, que las fuerzas de seguridad no están democratizadas. Y, en consecuencia, el Estado no tuvo la capacidad de resolver el caso. López es una deuda pendiente.
–¿Por qué?
–No sólo porque el caso continúa impune, sino porque López, de haber sido alguien presente en la vida de todos los argentinos, alguien por quien se realizó una gran cantidad de actividades políticas y culturales en todos los rincones del país, pasó a no existir, a que se deje de hablar de él. Como periodista, siento una responsabilidad en ese sentido. La idea es hacer un aporte para que López entre nuevamente en debate, que se sepa la verdad, que el caso tenga una resolución. Es necesario seguir exigiendo justicia por López.

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